Hoy en España, lo raro no es irse de casa a los 25, sino seguir con 30 en la habitación de siempre aunque tengamos trabajo y nómina.
No es una cuestión de ganas: con alquileres que se comen hasta un 90 % del sueldo y precios de compra disparados, la emancipación se ha convertido en una misión casi imposible para gran parte de la juventud.
Los últimos datos del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España confirman que solo en torno al 15–17 % de las personas jóvenes está emancipada, y que 7 de cada 10 jóvenes que trabajan no pueden irse de casa de sus padres.
Indice de contenidos
- 1 No es que no queramos: las cifras que explican por qué los jóvenes no pueden comprar vivienda
- 2 Tener 30 años y seguir en casa de tus padres: nuestra nueva normalidad
- 3 La tormenta perfecta: salarios bajos, alquiler por las nubes e inestabilidad laboral
- 4 Comprar casa siendo joven: cuánto hay que ganar y ahorrar realmente
- 5 ¿Por qué ha caído tanto la emancipación juvenil?
- 6 Cómo nos afecta: retrasar la vida, ansiedad y más desigualdad
- 7 ¿Hay soluciones? Qué tendría que cambiar para que los jóvenes puedan acceder a la vivienda
- 8 Qué podemos hacer mientras tanto: estrategias prácticas para jóvenes con poco margen
- 9 Errores frecuentes al plantearse comprar vivienda siendo joven
- 10 Preguntas frecuentes sobre jóvenes y vivienda en España
No es que no queramos: las cifras que explican por qué los jóvenes no pueden comprar vivienda
La conclusión es clara: la mayoría de jóvenes no puede comprar vivienda porque los números no salen, incluso trabajando.
Vivimos una brecha brutal entre lo que cuestan los pisos y lo que realmente cobramos.
Algunos datos clave:
- Solo el 15,2 % de las personas jóvenes vive fuera del hogar familiar (segundo semestre de 2024), el peor dato en un segundo semestre desde que hay registros.
- 7 de cada 10 jóvenes que trabajan siguen sin poder emanciparse, y alrededor del 83 % de la juventud sigue viviendo con sus padres.
- La edad media de emancipación ronda los 30,4 años, mientras que en Europa está en unos 26 años.
- Eurostat apunta que más del 85 % de las personas menores de 34 años en España sigue viviendo con sus padres.
Cuando miramos estos números y los cruzamos con lo que vivimos en nuestro entorno (amigos con carreras, másteres y currículum que siguen en casa), se ve claro: no es un problema de esfuerzo individual, es un problema de estructura.
Tener 30 años y seguir en casa de tus padres: nuestra nueva normalidad
Si pensamos en cómo nos imaginábamos los 30 cuando éramos adolescentes, muchos nos veíamos con piso, trabajo estable y quizá incluso familia. La realidad hoy es otra: tener 30 años y seguir viviendo con tus padres es casi la norma.
En nuestro caso, el guion fue muy distinto al de generaciones anteriores:
- Antes, terminabas la carrera, enlazabas unas prácticas y a los pocos meses podías conseguir un contrato más o menos estable.
- Las empresas peleaban por el talento joven y ofrecían salarios que permitían ahorrar algo cada mes.
- Ahora encadenamos prácticas, contratos temporales, falsos autónomos y sueldos que apenas dan para pagar el mes.
Lo vivimos en primera persona: no es que no sepamos apretarnos el cinturón, es que vivimos al día. Entre alquileres imposibles, sueldos bajos e incertidumbre, la idea de “comprar piso” suena más a chiste interno que a plan realista.
A esa precariedad laboral hay que sumarle algo que pesa mucho: hemos vivido ya dos grandes crisis económicas (la de 2008 y la posterior al COVID, con inflación y precios disparados) justo en los años clave para arrancar un proyecto de vida. Y eso erosiona la moral: ves cómo el esfuerzo no se traduce en estabilidad.
La tormenta perfecta: salarios bajos, alquiler por las nubes e inestabilidad laboral
La ecuación es sencilla: si el alquiler se come casi todo el sueldo, es imposible ahorrar para comprar vivienda.
Según los últimos informes:
- El salario neto medio de una persona joven ronda los 1.100–1.170 € al mes.
- El alquiler medio supera con facilidad los 900–950 € mensuales, y en muchas ciudades se acerca a los 1.000 €.
- Eso implica que vivir solo de alquiler exige dedicar alrededor del 90–92 % del sueldo si eres menor de 30 años y quieres emanciparte en solitario.
- En comunidades como Madrid, Cataluña, Baleares o Canarias, el alquiler medio llega a superar incluso el 100 % del salario joven, obligando directamente a compartir piso.
Y mientras tanto:
- Desde 2008, los alquileres han subido más de un 40 %, mientras que los salarios jóvenes apenas han mejorado unos pocos puntos.
- Aunque los famosos “ninis” son menos del 3 % de la juventud, trabajar y estudiar ya no garantiza poder irse de casa: tres de cada cuatro jóvenes con empleo siguen viviendo con sus padres.
En la práctica, esto significa que muchos jóvenes solo pueden emanciparse si tienen ayuda familiar directa (avales, dinero para la entrada, cesiones de vivienda…) y que la independencia ya no es un paso natural, sino un privilegio.
Comprar casa siendo joven: cuánto hay que ganar y ahorrar realmente
Si con el alquiler ya vamos ahogados, comprar vivienda siendo joven se vuelve una carrera de fondo casi imposible sin respaldo familiar.
Los datos del Observatorio de Emancipación son demoledores:
- Una persona joven necesitaría dedicar unos cuatro años de sueldo íntegro solo para reunir la entrada de una vivienda.
- Para pagar el total de la compra, necesitaría el equivalente a unos 14 años de salario.
A eso hay que sumar cómo funcionan las hipotecas:
- Lo habitual es que el banco financie hasta el 80 % del valor de la vivienda, así que tenemos que aportar al menos un 20 % de entrada.
- Además, hay que añadir alrededor de un 10–15 % extra en impuestos y gastos (notaría, registro, gestoría…), por lo que lo recomendable es llegar al 30–35 % del precio del piso ahorrado antes de compra.
- Un estudio reciente cifra en casi 44.000 € el ahorro medio que necesita una familia para acceder a una hipoteca en España.
Si volvemos a la realidad de nuestra generación:
- Sueldos en torno a 1.000–1.200 €.
- Alquileres que se comen casi todo el ingreso.
- Zero o muy poca capacidad de ahorro.
La consecuencia es obvia: sin herencia, sin ayuda familiar fuerte o sin una subida salarial importante, la compra de vivienda se queda muy lejos del alcance de la mayoría de jóvenes.
¿Por qué ha caído tanto la emancipación juvenil?
Más allá de los precios, hay una serie de factores que se han ido acumulando:
- Precariedad laboral crónica
- Encadenamos contratos temporales, prácticas y jornadas parciales.
- La estabilidad que pide el banco para conceder una hipoteca no encaja con nuestra realidad de contratos de meses.
- Doble crisis en el momento clave de la vida
- Crisis financiera de 2008 justo cuando muchos empezábamos estudios o vida laboral.
- Crisis derivada de la pandemia, con ERTE, paro juvenil y ahora inflación y alquileres disparados.
- Modelo de vivienda muy centrado en la propiedad
- Durante años se ha incentivado la compra frente al alquiler social.
- Falta parque público de vivienda y alternativas asequibles para jóvenes.
- Políticas insuficientes o mal enfocadas
- Medidas que llegan tarde, se limitan en el tiempo o no atacan el núcleo del problema (precio y oferta).
- Falta una estrategia sostenida a nivel estatal, autonómico y municipal.
El resultado es lo que ya estamos viendo: desde 2017 la tasa de emancipación juvenil no supera el 20 %, y en algunos semestres se queda por debajo del 17 %.
Cómo nos afecta: retrasar la vida, ansiedad y más desigualdad
Este no es solo un problema de números, es un problema de vida:
- Retrasamos decisiones como tener hijos, vivir en pareja o simplemente disfrutar de intimidad real.
- Muchos volvemos a casa tras un intento de emancipación fallido, con la sensación de haber retrocedido.
- Vivimos con incertidumbre permanente, lo que afecta a la salud mental: ansiedad por no llegar a fin de mes, miedo a perder el trabajo, culpa por depender de la familia.
Provivienda lo resume muy bien: la crisis de vivienda es también una crisis de salud, emocional y de desarrollo personal; la juventud ve cómo sus oportunidades vitales se desvanecen.
Además, esto ya no es solo un tema generacional, sino un problema de clase:
- Quien tiene familias con patrimonio o ahorro puede comprar antes.
- Quien no, se queda atrapado en el alquiler caro, sin posibilidad real de ahorrar.
En unos años podríamos ver una sociedad partida en dos: los que han podido comprar o heredar una vivienda y los que pasarán la vida pagando alquiler sin poder acumular ahorro.
¿Hay soluciones? Qué tendría que cambiar para que los jóvenes puedan acceder a la vivienda
Aunque el panorama es duro, no es inevitable. Hay medidas sobre la mesa que podrían marcar la diferencia si se aplican de verdad y con continuidad:
- Aumentar el parque de vivienda social y asequible, especialmente en alquiler.
- Movilizar vivienda vacía con incentivos y penalizaciones razonables (por ejemplo, mayor IBI a viviendas desocupadas).
- Limitar el uso especulativo de la vivienda, desincentivando modelos que expulsan a la población residente de los barrios.
- Diseñar políticas pensadas específicamente para jóvenes, que combinen:
- ayudas al alquiler y a la entrada,
- mejoras en las condiciones laborales,
- y reglas hipotecarias adaptadas a trayectorias laborales más inestables.
También haría falta algo menos tangible pero igual de importante: un pacto social y político que ponga la vivienda como quinto pilar del Estado del bienestar, y no sólo como un activo de inversión.
Qué podemos hacer mientras tanto: estrategias prácticas para jóvenes con poco margen
Aunque sabemos que la responsabilidad principal es estructural, también es verdad que, mientras las cosas cambian, necesitamos herramientas para sobrevivir y planificar:
- Calcular un tope realista de vivienda
- Intentar que el gasto de vivienda (alquiler o hipoteca) no supere el 30–35 % de nuestros ingresos netos, aunque en la práctica a veces sea difícil.UCI+1
- Normalizar compartir piso más allá de los 30
- No es “fracaso”, es una estrategia clara para recortar costes.
- Compartir puede ser la única forma de bajar ese 90 % del sueldo en alquiler a algo más asumible.
- Buscar zonas alternativas y teletrabajo
- Si el trabajo lo permite, valorar vivir fuera de los centros más caros y aprovechar el teletrabajo parcial o total.
- Aprovechar ayudas y programas específicos para jóvenes
- Estar atentos a:
- bonos de alquiler joven,
- avales públicos para hipotecas,
- o programas autonómicos de vivienda.
- Cambian por comunidad y por año, así que hay que revisar siempre la web de la comunidad autónoma y del Ministerio de Vivienda.
- Estar atentos a:
- Hablar en serio con la familia si pueden ayudar
- Negociar apoyos concretos: aval, cesión de vivienda, ayuda temporal para la entrada…
- No siempre es posible, pero cuando lo es puede ser la diferencia entre “imposible” y “difícil pero alcanzable”.
Errores frecuentes al plantearse comprar vivienda siendo joven
Para no complicarnos todavía más la vida, conviene evitar algunos errores típicos:
- Pensar que todo se soluciona con “apretarse el cinturón”
- El problema no es el café de 2 euros: son los alquileres y los salarios. Culparnos solo genera frustración.
- Firmar una hipoteca al límite de nuestra capacidad
- Si la cuota se acerca o supera el 40 % de los ingresos, cualquier imprevisto (paro, subida de gastos, ruptura de pareja) puede ser un drama.
- Comprar solo “porque los padres dicen que es tirar el dinero en alquiler”
- Comprar sin colchón, sin estabilidad laboral o sin margen para imprevistos puede salir mucho más caro que alquilar.
- No comparar bien hipotecas y condiciones
- Tipos de interés, comisiones, productos vinculados… hay mucha letra pequeña. Es importante usar simuladores, comparar y pedir varias ofertas.
Preguntas frecuentes sobre jóvenes y vivienda en España
¿Qué porcentaje de jóvenes consigue emanciparse en España?
Actualmente, solo alrededor de un 15–17 % de jóvenes está emancipado, según los últimos datos del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España.
Es una de las tasas más bajas de Europa y, además, lleva años sin superar el 20 %.
¿Cuánto sueldo hace falta para vivir solo de alquiler siendo joven?
En la práctica, un sueldo joven medio en España no alcanza para vivir solo en muchas ciudades.
Con salarios en torno a 1.100–1.200 € y alquileres cercanos a 1.000 €, la persona joven tendría que destinar entre el 90 % y el 100 % del sueldo al alquiler si quiere vivir sin compartir.
¿Cuánto hay que tener ahorrado para comprar una vivienda?
Como regla general, hace falta tener ahorrado entre el 30 % y el 35 % del precio de la vivienda: un 20 % para la entrada que no financia el banco y alrededor de un 10–15 % para impuestos y gastos.
Eso se traduce en decenas de miles de euros; la media en España ronda los 44.000 €.
¿Qué es más realista para un joven: alquilar o comprar?
Para la mayoría, empezar de alquiler y compartir piso es la opción más realista a corto plazo, sobre todo si el sueldo es bajo o el contrato es inestable.
Comprar puede ser interesante a largo plazo si se dispone de ahorro suficiente, estabilidad laboral y una cuota que no supere el 30–35 % de los ingresos.
¿Hay ayudas específicas para jóvenes que quieran emanciparse?
Sí, pero cambian según la comunidad autónoma y el momento: existen bonos de alquiler joven, avales para hipotecas y programas de vivienda asequible.
Conviene revisar la web de la comunidad autónoma, del Ministerio de Vivienda y del Consejo de la Juventud de España para ver convocatorias abiertas, requisitos y plazos.









