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3 04 2019

Ciudad y salud urbana: ciudad saludable, cuerpo sano | Sabrina Gaudino

La contaminación ambiental, la ausencia de itinerarios peatonales urbanos, la inaccesibilidad, la carencia de servicios, además de los factores socioeconómicos como la pobreza son algunos vectores que inciden en la salud de las personas, al tiempo que determinan la salud de una ciudad. Tal y como afirma el epidemiólogo social Manuel Franco: «el cómo son nuestras ciudades es fruto de cómo organizamos nuestras ciudades política y económicamente, y eso tiene un efecto en la salud de nuestros ciudadanos».

En el año 2010, en ocasión del día mundial de la salud, la OMS lanzó la campaña «1000 ciudades 1000 vidas» enfocada a visibilizar la importancia de la planificación urbana como instrumento para mejorar la salud de las personas. En ese mismo año también puso en marcha la iniciativa «Red Mundial de ciudades adaptadas a las personas mayores», una red a la que se unió —entre otras— la ciudad de New York en los tiempos de Bloomberg con lo que se consiguió la transformación (humanización) peatonal de gran parte del corazón de la manzana; ambas iniciativas puestas en marcha con la intención de mejorar la salud y la calidad de vida. Y es que hace más de una década que se tiene en consideración la relación entre ciudad y salud, al tiempo que se viene hablando de un incremento exponencial de la población urbana a treinta años vista. Sin embargo, a pesar de la evidencia de que asistimos a la urbanización más rápida nunca antes experimentada al compás del envejecimiento de la población y al deshielo de los polos, ninguna de estas predicciones con fundamento científico se han tomado en serio —o con responsabilidad— a la hora de accionar medidas para proyectar ciudades saludables o frenar el cambio climático; ambas cuestiones inherentes y concomitantes. Acciones ciudadanas frente al problema del cambio climático como las distintas organizaciones ecologistas y el reciente surgimiento del movimiento iniciado por la activista Greta Thunberg, así como las decenas de asociaciones civiles con base en la búsqueda de mejorar la calidad de vida en las ciudades, nos dan pistas sobre la urgencia de integrar el cuidado integral de la salud en la planificación urbana.

El New York para las personas; humanización del espacio público. Fuente: DOT

El New York para las personas; humanización del espacio público. Fuente: DOT

 

Salud, planificación urbana y analogía de términos: regeneración, resiliencia, descompensación, organismo…

Pasamos de la planificación a la salud sin cambiar de lentillas porque estos ámbitos están muy relacionados. Con facilidad extrapolamos a lo urbano algunos conceptos o términos médicos (como pensar en la ciudad como un organismo), precisamente porque entendemos que nuestro entorno está tan vivo como nuestros cuerpos y porque más allá de las abstracciones contamos con la evidencia de que el entorno tiene un peso preponderante en la calidad de vida y en la salud de las personas. Asumimos que la ciencia no especula cuando encuentra correspondencia entre patologías y fenómenos urbanos para señalar los vectores, y que la estadística no pretende el alarmismo cuando cifra la relación entre los vectores y los daños que causan.

De la medicina al urbanismo como la corriente alterna

Una descompensación en medicina refiere la incapacidad funcional de un órgano para cumplir con la demanda del organismo.La relación entre ciudad y pulmones, corazón, huesos o cerebro no parece distante cuando se comprueba el vínculo entre la contaminación del aire y el cáncer de pulmón. Por tanto, no hay mucha distancia entre nuestros pulmones y las grandes vías, entre nuestros huesos y el recorrido que hacemos andando desde la casa al trabajo, al mercado, a la escuela; tampoco hay mucha distancia entre nuestro sistema cardiovascular y la red de infraestructuras viarias que constituyen el torrente de nuestras ciudades, sean sus vías verdes, de asfalto, de acero o de piedra. La distancia supone alejamiento, pero también su antónimo. En términos de salud podemos decir que la distancia entre la funcionalidad de un órgano y una patología se mide por la capacidad e intensidad que tiene un vector de causar una descompensación en el organismo. Entonces, entre tantas patologías del cuerpo relacionadas con la ciudad nos preguntamos ¿qué relación existe entre la masa ósea y la “caminabilidad” de una ciudad? o ¿cómo puede afectar en la esperanza de vida la oferta gastronómica del barrio en el que vives? ¿Cómo puede la ciudad descompensar la salud?

¿Qué factores y elementos hacen que un lugar sea bueno para las personas?Este diagrama elaborado por Project for Public Spaces nos retrata qué debe tener un espacio, un lugar o una ciudad para ser saludable y aportar calidad de vida. Fuente: pps.org

¿Qué factores y elementos hacen que un lugar sea bueno para las personas?Este diagrama elaborado por Project for Public Spaces nos retrata qué debe tener un espacio, un lugar o una ciudad para ser saludable y aportar calidad de vida. Fuente: pps.org

En relación a la primera pregunta, se calcula que en España cerca de tres millones personas padecen de osteoporosis, una patología que es frecuente en un rango de la población que corresponde a la tercera edad, pero que también afecta a muchas mujeres que llegan a la menopausia por distintos motivos antes de la tercera edad. Una de las recomendaciones terapéuticas para la prevención y tratamiento de este problema es caminar; un simple y natural ejercicio en el que el movimiento y el propio peso del cuerpo estimulan la regeneración de la densidad ósea. Sin embargo, si un médico recomienda encarecidamente a un paciente realizar caminatas de 12 a 15 km diarios pero la ciudad en la que vive no es posible realizar un recorrido medianamente seguro, por falta de itinerarios peatonales o zonas verdes que protejan del impacto de la contaminación, poco podrá hacer esa persona para mejorar su salud. Lo mismo si vive en una pedanía desconectada del transporte público, esta persona no podrá acceder a los servicios básicos y probablemente la accesibilidad a estos servicios estará supeditada al uso del automóvil; adiós a los mercados de cercanía y a los recorridos caminables.

Sobre la segunda pregunta, encontramos otra perspectiva sobre salud urbana analizada desde la alimentación. Se trata del trabajo de investigación del epidemiólogo social Manuel Franco, quien busca la relación entre la esperanza de vida y la salud cardiovascular en relación al patrón de alimentación, un factor relacionado con las tiendas de alimentos según barrios. Inicia su estudio sobre salud urbana en Baltimore, analizando de forma cuantitativa las diferencias entre barrios por niveles socioeconómicos y raciales, en donde detecta que estos factores inciden en el tipo de alimentación y finalmente en la longevidad; porque según las características socioeconómicas de un barrio se come mejor o peor. Esto tiene que ver con el tipo de alimentos que se ofertan en un barrio, su accesibilidad y asequibilidad. La constante arrojaba que en barrios con mayor poder adquisitivo (los califica como barrios de “gente blanca”) había una mayor esperanza de vida porque la gente comía mejor, ya que en estos barrios hay tiendas que ofrecen alimentos sanos y de mejor calidad nutricional. A diferencia de los barrios pobres donde hay menos presencia de establecimientos de alimentos frescos y sanos, por lo que la oferta gastronómica se reduce a comida rápida o “trash food”, más barata pero de mala calidad nutricional. Este trabajo lo lleva a Madrid, en donde actualmente desarrolla un estudio para evaluar cómo influye el entorno urbano en la salud cardiovascular. La intención, apunta Manuel Franco, es conocer cuál es la diferencia entre vivir en un barrio o en otro y cuáles son las determinantes de los factores de riesgo en enfermedades crónicas en contextos urbanos según las características de cada barrio. Todo esto para demostrar científicamente que es importante «mejorar la ciudad para mejorar la salud».

Vitoria-Gasteiz, ciudad designada Capital verde europea 2012 por la comisión europea. El Anillo verde de la ciudad contempla una red de itinerarios verdes peatonales y ciclistas que interconectan los barrios con los distintos espacios verdes. Fuente: vitoria-gasteiz.org

Vitoria-Gasteiz, ciudad designada Capital verde europea 2012 por la comisión europea. El Anillo verde de la ciudad contempla una red de itinerarios verdes peatonales y ciclistas que interconectan los barrios con los distintos espacios verdes. Fuente: vitoria-gasteiz.org

Ciudades saludables y planificación urbana

¿Cómo nos enferma o nos cura una ciudad? ¿qué hace que un entorno sea más o menos saludable? Llegamos aquí para abordar la tercera pregunta después de hablar de osteoporosis, masa ósea, esperanza de vida y “trash food” en retórica, porque no es baladí cuando alguna patología toca su puerta. Se trata de replantear la organización de la ciudad desde lo más simple: saber cómo nos afecta nuestro entorno y cómo cuidamos nuestro cuerpo; cuestiones inherentes a la ciudad y que por tanto recaen en las políticas urbanas a la hora de tomar medidas y acciones saludables. Si somos lo que comemos, respiramos, consumimos y cómo nos movemos, la ciudad es el gran determinante de estas costumbres, desde la forma de organización económica, política, social y cultural. La metáfora de las distancias entre nuestro cuerpo y las patologías que se pueden adquirir por vivir en una determinada ciudad no pertenecen a la ciencia ficción, sino a la organización política y a la visón de quienes tienen la responsabilidad de planificar nuestras ciudades. Por esto, repetimos como un mantra la importancia de integrar la salud en la planificación urbana con base en todos los datos que nos ofrece la estadística y los estudios científicos que ponen en evidencia cuestiones tan serias como (entre tantas), la relación entre las diversas patologías pulmonares y cardiovasculares causadas por la polución en las ciudades, o los problemas óseos y de obesidad directamente relacionados con la dependencia del automóvil y la ausencia de itinerarios peatonales en las ciudades.

Las ciudades pueden ser cuidadoras y aportarnos salud de distintas formas, siempre que su organización tenga presente a las personas por encima de números, costes, productividad y consumo desmedido. Si la ciudad está enferma, también enferman sus habitantes, su economía y su política, —quizá han sido las políticas enfermas que han enfermado nuestras ciudades—. No dejemos de preguntarnos qué ciudades y qué políticas queremos para restablecer, mantener y tener salud, porque seremos cada vez más consientes de tomar acciones y decisiones saludables.

Sabrina Gaudino Di Meo | Arquitecta

@gaudi_no

La máquina para habitar, el apartamento de soltero y la casa sin cocina

 

ESPACIOS DE OPORTUNIDAD, CONFLICTO Y PARTICIPACIÓN 

 

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