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6 11 2019

Desafíos de la planificación en las ciudades del futuroSabrina Gaudino

Las capas de piedra, vidrio y metal de la ciudad hablan del tiempo y de la obsolescencia que habita en las ciudades; una retórica de la planificación urbana. El Cabanyal, Valencia, 2015. Archivo personal.

 

El urbanismo es política y dado que la ciudad es objeto de adecuación y redefinición en muchos de sus ámbitos, la política también debe actualizarse y adecuarse a los nuevos requerimientos del territorio. Las ciudades crecen y mueren por partes desiguales; el tiempo discurre y se evidencia en la obsolescencia del parque inmobiliario, de las infraestructuras y de las políticas sobre el territorio.

Cada aspecto de nuestro entorno posee una cadencia particular, en su crecimiento y envejecimiento. Las edificaciones, el equipamiento y las infraestructuras entran en un proceso de desgaste y deterioro desde el momento en que se construyen. Las políticas sobre el territorio tienen un ritmo doble, el que depende de los intereses electorales y el que viene determinado por las dinámicas globales; pero además, las políticas se quedan obsoletas en relación a los cambios y nuevos requerimientos del territorio. Estos tres ejes, edificación, infraestructura y política están relacionados con lo económico, financiero y social, que a su vez poseen ritmos particulares. El engranaje de todas las partes es complejo, pero aún en el intento de coordinar cada ámbito surgen grandes desafíos que obligan a redefinir las formas de hacer urbanismo y de actuar en el territorio.

Hablar de redefinición en materia urbanística refiere una complejidad muchas veces difícil de atajar en su globalidad, por lo que generalmente se abordan los vértices de forma aislada. El sociólogo Zygmunt Bauman logró sintetizar la condición de nuestra era con el concepto de liquidez; vivimos en una contemporaneidad que en gran parte se comporta como el líquido, pero que proviene de unas bases sólidas. Es precisamente aquí donde se puede hacer analogía al caracterizar la maquinaria política como la parte todavía sólida de nuestro tiempo, un peso que refiere caducidad y que se manifiesta con una constante fricción entre el modelo urbanístico y político preexistente y el que se propone actualizar, con el sector financiero —que es quien domina el mercado, condiciona demandas y estructura la oferta—, y con el sector social representado por la ciudadanía.

El desafío del urbanismo para las ciudades y los ciudadanos, entendido éste como una compleja maquinaria (política, económica y social), es trascender las exigencias del nuevo orden social basado en un sistema de flujos financieros para activar la sostenibilidad en lo ambiental, social y económico; un urbanismo por y para las personas. Aquí la globalización es una determinante en las dinámicas de las economías locales, de la movilidad y la habitabilidad, todas estas en tensión con el medio ambiente. Hablamos de verdaderos ecosistemas territoriales que en la actualidad deben afrontar los problemas derivados de las carencias y conflictos que arrastran de sus propios orígenes, al tiempo que deben afrontar los cambios de los tiempos actuales. Otro gran desafío se presenta con el desfase y la desconexión que suponen, por un lado, el ritmo de desarrollo y funcionamiento de cada ámbito en relación a la capacidad de acción sobre el territorio; y por otro lado, la cuestión de las desconexiones, dado que la política urbana responde a criterios normativos y económicos que se definen en fracciones de territorio o municipios. Este último factor, representa un potente límite que bloquea la trascendencia de acciones conectivas sobre un territorio que, a efectos sociales, económicos y geográficos, posee una continuidad lógica de interacciones, relaciones e incluso de problemáticas y potenciales que se intersectan.

 

La imagen de la ciudad en las estrategias de inversión y la caracterización de la identidad fraccionada. En esta nueva zona del centro de Milano el metro cuadrado de la vivienda oscila entre los siete y nueve mil euros; todo apunta al sueño europeo de coronar los grandes centros urbanos con la categoría de élite. La imagen, pese a ser atractiva dentro del discurso financiero y en el marco de las grandes inversiones de la ciudad, choca de frente con las problemáticas del territorio y de sus escalas. Milano Nuovo – Porta Garibaldi, 2019. Archivo personal.

 

La imagen de la ciudad en las estrategias de inversión y la caracterización de la identidad fraccionada. En esta nueva zona del centro de Milano el metro cuadrado de la vivienda oscila entre los siete y nueve mil euros; todo apunta al sueño europeo de coronar los grandes centros urbanos con la categoría de élite. La imagen, pese a ser atractiva dentro del discurso financiero y en el marco de las grandes inversiones de la ciudad, choca de frente con las problemáticas del territorio y de sus escalas. Milano Nuovo – Porta Garibaldi, 2019. Archivo personal.

En un mundo con tendencia a lo glocal la clave en la política urbanística está en comprender la complejidad del territorio con un rango amplio de acción capaz de integrar todos los municipios colindantes, núcleos urbanos, pueblos, ciudades y metrópolis, poniendo en el centro la consideración y valorización de las redes ciudadanas. Desde hace poco más de una década se habla de actualizar las grandes urbes mundiales, una iniciativa que supone un esfuerzo prolongado para coordinar fuerzas e intereses entre lo público y lo privado en una misma dirección, con la novedad añadida (imprescindible) de involucrar a la ciudadanía. Los argumentos recurrentes en el discurso de las proyecciones del urbanismo para las ciudades del futuro son: la sostenibilidad, el cambio climático, la recualificación de zonas en desuso, la accesibilidad a la vivienda y el verde urbano.

Si bien son argumentos potentes y obviamente urgentes de abordar, su co-proyección también debe fundamentarse en generar la sostenibilidad de la escala ciudadana. Para aterrizar estos conceptos, que a veces se perciben como eslóganes, sería oportuno conocer de qué forma se plantea la correspondencia socio-económica de las macro-propuestas urbanas con los principales problemas ciudadanos. Es decir, conversión tangible y real para los sectores más sensibles de la población, más allá de la utilidad y el interés de los grandes inversores. Aquí, la política ética tiene un papel determinante en la gestión, control y coordinación de los intereses particulares y colectivos. Porque en paralelo a los argumentos que sirven para crear una imagen del “urbanismo del futuro” están los grandes desafíos sociales, que son también problemas derivados de la gestión de recursos y del territorio: el desempleo, la pobreza, la desintegración social. Por tanto, cuando se habla de sostenibilidad hay que entenderla como un complejo poliangular para actuar en sus múltiples vértices de competencia, todos intrínsecamente relacionados. Sostenibilidad en relación a la movilidad, a frenar la contaminación, a mantener el equilibrio de los ecosistemas, pero también el vértice de la sostenibilidad en relación a lo económico, a las redes de producción glocal, a generar y conservar las fuentes de empleo.

 

«Lucha por la casa»; contrastes en los barrios periféricos de la ciudad, el suroeste de Milano. Giambellino, Milano. Fuente: milano.repubblica.it

 

La planificación urbana es un trabajo conjunto entre sector público y privado, cada objetivo para la proyección de las ciudades del futuro debe orientar y coordinar sus fuerzas, intenciones e inversiones en formular proyectos que comprendan acciones de transformación y regeneración física-material de espacios, equipamientos, infraestructuras y edificaciones, todas integradas con el desarrollo del bienestar social y económico de las personas. El concepto de colectividad y de bienestar común tiene sus bases en una política del territorio conocedora de los desafíos y potenciales del contexto en todas sus escalas, con especial interés sobre las cuestiones inmateriales que representan la comunidad. La reconstrucción se entiende en función de las acciones de sutura entre el tejido social, económico y urbano, la innovación social, el empoderamiento de la ciudadanía dentro de sus redes locales-glocales, y en favorecer y potenciar el empleo. El welfare es ante todo bienestar social que deriva, entre otros factores, de un equilibrio económico entre la seguridad del empleo, la innovación y el intercambio.

 

Sabrina Gaudino Di Meo | Arquitecta

@gaudi_no

 

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