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12 09 2018

Contradicciones y complejidad en las ciudades creativas | Sabrina Gaudino

A principios del siglo XXI hubo una tendencia muy marcada en categorizar al sector creativo como potenciador de la regeneración urbana en ciudades o barrios deprimidos, lo que anunciaba que asistiríamos a nuevos fenómenos urbanos. Las ciudades, grandes espacios de concentración de población, ya eran globales. Por otra parte, el marketing urbano promovió la imagen de éxito asociada a un sector de la población laboral con la suficiente capacidad de activar economías deprimidas; eso sí, considerando todas las cualidades y características que identifican una parcela social. Ciudades como Silicon Valley, San Francisco o New York, así como grandes capitales de Europa o Asia, engrosaban un listado de referencias urbanas donde el sector creativo tomaba el testigo de la imagen de éxito; pero, aún con todo un paradigma excluyente.

Esta idea del ciudadano regenerador, basado en un nuevo modelo productivo, vino a determinar una nueva era, ya no industrial sino del conocimiento. Superada la edad industrial, que tenía como figura al operario de la máquina, al obrero de la fábrica, la ciudad tenía que ser de los cafés alternativos, de los brunch, de las aplicaciones y las redes sociales. En esto no hay nostalgia, la historia nos comprueba —muy a nuestro pesar— que lo urbano es un negocio político-financiero, y que la regeneración viene también con el cambio en las formas de producción y consumo, uno más frenético y banal. Así comenzó a formase una burbuja especulativa que nos condujo a la gentrificación y turistificación de las ciudades.

Con el advenimiento del nuevo sector productivo basado en el conocimiento, el grupo de los “creativos”, compuesto por una amplia variedad de perfiles relacionados con la tecnología, el diseño y las artes, supuso un nicho —a bien de estandarte— para ofertar barrios renovados con una vida cosmopolita y bohemia. Sin embargo, el papel del ciudadano creativo como regenerador excluía aquellos con una realidad social en desventaja, aumentando las desigualdades. El acceso a barrios renovados, ergo gentrificados, supone un nivel de renta que supera la realidad salarial de muchos, y según qué ciudades y qué sector creativo la precariedad es una determinante.

Ciudades creativas y economía creativa

 

Imagen: Banksy

La economía creativa se define por el sector del conocimiento y la innovación, un nicho de producción que involucra diversas industrias: cultura, tecnología, telecomunicación, informática, investigación y educación. Sin embargo, la creatividad y buena parte de los espacios productivos asociados a ésta siempre han formado parte del sistema económico, lo que ocurre es que asistimos a la emergencia de nuevas formas de relación, interacción y alcance entre el sistema productivo y las clases trabajadoras.

En los datos que aporta la UNESCO en su informe sobre industrias culturales y creativas, encontramos que el sector cultural representa el 3% del PIB mundial. Por otra parte, el teórico sobre ciudades creativas y cofundador de CityLab Richad Florida, expone que la clase creativa comprende en Estados Unidos un tercio de la fuerza de trabajo; en Europa, Escandinavia y algunos países de Asia representa en la actualidad el 40% de la fuerza laboral. Florida basa sus teorías en el potencial de la clase creativa, por ser éste un sector clave en el desarrollo de las ciudades como espacios de innovación y crecimiento.

Para Florida la ciudad de la era postindustrial es el medio de producción, la gran fábrica donde se generan las sinergias que mueven la economía; «en la era industrial, el obrero era la base de la economía, hoy, en la sociedad postindustrial es la clase creativa la que mueve la economía del conocimiento». Sin embargo, la clase creativa no siempre determina una economía creativa.

Según Florida, la base de esta nueva economía del conocimiento y la creatividad ya no está representada en las corporaciones industriales, sino en la propia ciudad. A partir de esta idea, podríamos generar un extenso debate sobre el hecho de que las ciudades son espacios propensos a que cada segmento funcional se convierta en un mercado empresarial. De aquí que vivienda, espacio público o movilidad se muevan en el terreno de lo especulativo, como un producto más dentro de la oferta y la demanda. Lo que preocupa es que estos procesos van a un ritmo más frenético e imprevisible que genera contrastes más radicales, más sectorización social y desigualdades más acentuadas e insalvables.

¿Son representativas las ciudades creativas?, no todos los ejemplos son generalizables

 

 

Gentrificación, obra del artista Escif. Imagen: Streetartnewses

En los casos ejemplares de ciudades creativas o de manual el éxito no es representativo de la población total, es por eso que al analizar las ciudades del “éxito” —con el predominio de una clase creativa pujante— encontramos también grandes desigualdades sociales y una desintegración del tejido urbano en islas socioeconómicas. Si bien el sector cultural y creativo, enmarcado en la clase creativa, es potencial para el desarrollo y la innovación de las ciudades, hay una complejidad inherente en la diversidad de relaciones económicas y sociales que su estudio no debería generalizar ni obviar. Por otra parte, las expectativas sobre determinado sector productivo como potencial regenerador descartan el potencial de otras realidades que deben formar parte de las políticas de integración y lucha contra las desigualdades.

Los contextos y realidades con menos ventaja económica, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, tienen un impacto en la llamada economía creativa; esto a nivel local y global con la perspectiva de la variabilidad de rentas dentro de un mismo contexto. Detrás de la fachada cosmopolita de las ciudades de éxito, las clases en desventaja económica suponen la base del sustento funcional en la pirámide económica. De aquí que visibilizar la realidad socioeconómica de los estratos más sensibles refiere una verdadera economía creativa, una capaz de integrar una variedad de circunstancias sociales, que entiende la ciudad y el territorio en sus fisuras y contrastes, lejos de la lógica de la realidad unificada.

Sabrina Gaudino Di Meo | Arquitecta

@gaudi_no

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