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27 02 2020

Centro y periferiaMARIO HIDROBO

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Un patio como elemento básico y elemental de la arquitectura, se define como el espacio cerrado por cuatro paredes y abierto al cielo sin techar. Si ahondamos en su función articuladora y organizativa de gran parte de las tipologías vernáculas, podemos profundizar en variados tipos, entre los que destacan las galerías interiores con columnas, vigas y arquerías perimetrales, que van permitiendo accesos a diversos ambientes privados o de usos específicos, lo que les otorga un doble sentido. El organizativo, desde lo morfológico, pero también el rol de espacio común, desde lo funcional.

 

patios ciudad centro

Patio del Higo, Museo Casa del Alabado. Luis López López. Quito-Ecuador.

 

Ricardo Devesa, en su tesis doctoral explica de manera exhaustiva otro carácter de conexión, que es el que se conforma a través de ese cielo abierto, un eje vertical, como principal característica, su fuga visual y antítesis conceptual a su cerramiento, puesto que conecta el interior y el exterior. Simbólicamente esto permite crear muchas metáforas.

Video: vivir hacia adentro

Si el patio, gracias a sus cuatro paredes que lo cercan, vive, es por su posibilidad de contraste, mediante la fuga de conexión vertical con su cielo abierto. Una dialéctica que, probablemente, se repite de manera simbólica en más de un caso en el que se confrontan conceptos como interior/exterior, lo privado/público, etcétera.

El mismo Devesa plantea una relación del árbol en el patio.  Análisis que dota de unas características simbólicas y metafóricas muy ricas y que acentúa el carácter del valor inmaterial y dialéctico en la relación, tanto de centro con exterior como de lo material con lo inmaterial.

Joseph Rykwert en “Idea de ciudad” tiene un capítulo llamado: “El límite de la primera Roma”, en el que discierne entre varias versiones de la línea que marcaba el borde la Roma fundacional. Dicho límite, evidentemente, marcaba una Roma fundacional y un inhóspito exterior fuera de ella, el primigenio concepto de periferia, lo salvaje, donde todo lo inimaginable podía ser posible.

(…) El más antiguo y también más pormenorizado entre los relatos es el de Solino,  que este autor tomó de una obra perdida de Varrón. No se refiere explícitamente al pomoerium, sino a esa confusa entidad que es la Roma quadrata. Si por tal entiende el pomoerium, de ahí se seguirá que, según él, Rómulo había empezado <<en el bosque en el recinto de Apolo>> y habría terminado muy cerca de allí junto a los peldaños superiores de las escaleras de Caco. Esta localización, directamente sobre el Lupercal, y <<cerca del sitio donde había estado la choza de Fáustulo>>, está fuertemente impregnada de los recuerdos de la leyenda fundacional. En el Lupercal había encontrado la loba a los gemelos, y Fáustulo fue su padre nutricio. El mismo Caco, con su ingrata personalidad, era tan solo semihumano como hijo de Vulcano, capaz por ello de exhalar fuego. De él se dice que recibía culto en forma de fuego, semejante al de Vesta oficiado también por vírgenes(…)

 

Sin embargo, Rykwert trata también el proceso ritualístico mediante el cual, una zona de la ciudad, fuera de los límites reconocidos como tales, era adoptada o adicionada a través de un proceso de legitimación, que la reconocía como tal.  Digamos, un proceso de adhesión política, que legitimaba a un territorio como parte de la ciudad.

Desde estas dos investigaciones, la del patio y la de Roma, podríamos metaforizar una intensa relación entre interior y exterior o en un plano más urbano, entre el centro y la periferia. Relación que a día de hoy toma vital importancia dentro del quehacer mismo del urbanismo y la forma de entender las ciudades, sus límites y los conceptos, pero no menos desde la forma en que ponemos en práctica los roles y las profesiones vinculadas a estas materias.

 

Centro y periferia no se trata solo de una clasificación desmitificada del prejuicio de ciudad informal y formal.

Centro y periferia son dos elementos constitutivos de formas distintas de habitar y, por tanto, no es conveniente encontrar supremacía de una sobre otra sino al contrario, la riqueza de las mismas radica en la búsqueda de equilibrios de sus relaciones.

Centro y periferia tienen que ver también con los orígenes mismos de la ciudad, en el momento en que el paso del nomadismo al sedentarismo marca una disyuntiva, con muchos elementos análogos a su alrededor.

El sedentarismo tendrá que ver con la fundación de la ciudad, la domesticación de las plantas y los animales, el desarrollo de las ciencias, la propiedad privada, la competencia y en última de los términos a lo mejor es el germen del neocapitalismo que vivimos ahora.

Mientras que el sedentarismo continuará en la errancia y la trashumancia, el pastoreo, el procomún y el desarrollo de las artes, y no obstante de la fuerte marca que estos referentes de lo territorial nos permiten explicar, el trasfondo de todo ello, es filosófico, el trasfondo a lo mejor responde a una primordial decisión que debemos asumir en un primer término que es filosófico.

¿Cómo queremos vivir el futuro?

El presente está roto, llevamos varios años ya, si no más de una década, viviendo en crisis. No es solamente económica, hay una avalancha de sistemas que cada vez más apuntan a modelos innovadores de producción basados en una explotación insostenible, o bien del planeta o bien de los recursos en general, incluyendo allí a los trabajadores. La gran mayoría de estas estrategias de “nuevas formas productivas” apuntan a combinar la tecnología con estrategias de innovación neoliberal, pero hay otras, unas oportunidades salidas de ese “otro lado de las profesiones”, el lado que luego de estar relegado desde siempre por considerarse de una visión precaria por naturaleza, ha reaccionado frente a la crisis generando más de una vuelta de tuerca a los roles y los oficios.

En lo urbanístico y en lo arquitectónico sucede lo propio. La llegada de la tecnología digital, allá ya hace casi treinta años, en los noventa, marcaron una forma diferente de enfrentar la cotidianidad profesional. Aunque os suene al Pleistoceno, autocad y photoshop no han existido toda la vida, menos aún el sistema BIN, las cortadoras láser o los plotters, los sistemas de catastros eran unos conjuntos de planos urbanos en los que constaba la ciudad entera, solar a solar, con el código correspondiente y en una habitación entera estaban las fichas de cada código con los datos escritos mano. Y la ciudad en la que ahora se debate entre gentrificación, Airbnb, mientras por ella se desplazan repartidores de Globo y Amazon, llevaba un ritmo vivible, humano. Más lento, sí, que daba tiempo a que el “espacio público” cumpliera su función. Y como espacio público, también habían descampados, tal vez el espacio público de la marginalidad, de la periferia, en donde esos “otros niños” inventaban juegos, con cualquier piedrecilla. Esos aprendizajes, probablemente, fueron el germen de que un día como hoy se haya logrado poner en valor el conocimiento informal, el aprendizaje no lineal, el conocimiento ancestral, la cultura oral y todo el contingente propio de la periferia, la antítesis de la academia y el mainstream y en esto, justamente se alojan los nuevos valores no tradicionales de prácticas actuales de arquitectos y urbanistas jóvenes, que volcados en una profesionalidad más propia de un oficio hayan sido capaces de encontrar nuevas formas de ejercer la profesión desde una anti academia y desde un apego comprometido al servicio de la sociedad más que al de un sistema que tiene fecha de caducidad.

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