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30 06 2020

LA PISCINA PRIVADA SUBE EL VALOR DE LA VIVIENDA

El verano ya está aquí. Estamos con un pie en el mes de julio y la espera, este año, se ha hecho eterna. Era diciembre cuando nos comíamos las uvas y, feliz 2020 decíamos. Nadie, repito nadie,  se imaginaba lo que nos estaba esperando a la vuelta de la esquina. Enero pasó lento, los días parecían años y todos estábamos esperando ansiosos la llegada de febrero. Y  fue en el mes de marzo cuando las cosas comenzaron a torcerse. Era sábado, 14 de marzo. Todos estábamos pegados al televisor escuchando al Presidente del Gobierno. Pedro Sánchez estaba a punto de anunciar el confinamiento total. Nadie podría salir de casa salvo para lo estrictamente necesario. Estábamos en estado de alarma.

En ese momento los salones de las casas se volvieron oficinas , todo el mundo quería tener una casa con balcón . Muchos se  aficionaron a la repostería y otros tantos montaron su propio gimnasio en casa. El mundo parecía haberse vuelto loco y todos, incrédulos, no dábamos crédito a lo que estaba sucediendo. A las ocho nos reuníamos en los balcones, aplaudíamos a los sanitarios y aprovechábamos para hablar con nuestros vecinos. Era nuestra única ventana al exterior. Estamos hablando todavía del mes de marzo, aquel en el que mirar el calendario era un auténtico desafío. Nadie se atrevía a hablar del verano. Se convirtió en la palabra prohibida, en un tema tabú que no se comentaba ni por videollamada.

¿VA A DEJARNOS EL CORONAVIRUS SIN VERANO?

Pero llegó la desescalada y con ella, sus fases. Pedro Sánchez anunciaba lo que  todos estábamos esperando. Sí que íbamos a tener temporada de verano. Sería distinta y fue en ese momento cuando  comenzaron a surgir las primeras dudas: ¿Se podría transmitir el virus por el agua? ¿Era seguro ir a una piscina pública? ¿El contagio en la playa podría ser masivo? La ciencia revelaba la escasa supervivencia del virus en el agua. No resistiría ni al agua salada ni a las  piscinas cloradas. Nos íbamos haciendo a la idea de que bañarse no iba a ser el problema. Sin embargo, las aglomeraciones que se forman en playas y piscinas durante estos meses sí que nos iban a suponer un desafío. El aforo estará controlado y, aunque estemos a punto de entrar en la nueva normalidad no hay que perder de vista al virus. Cualquier paso en falso podría volver a confinarnos. Y no, no queremos eso, queremos disfrutar del verano y de sus pequeñas restricciones. Porque nadie dijo que esto fuera fácil.

SE REVALORIZAN LAS VIVIENDAS QUE TIENEN PISCINA PRIVADA

Los vecinos de las piscinas comunitarias están divididos y el conflicto está servido. No pueden disfrutarla todos a la vez. Dispondrán de una aplicación para pedir cita y tendrán un tiempo limitado. Por eso este verano tienen que conseguir varios objetivos: lograr que los turnos convengan a todos y a la vez respetar los horarios, no podrán bajar todos a la vez y esto es una misión casi imposible cuando hablamos de grandes urbanizaciones. Ponerse de acuerdo es una tarea complicada. No se nos había pasado nunca por la cabeza el hecho de tener que pedir turno para bañarnos o disponer de un tiempo limitado para hacerlo.

Por eso, en tiempos de coronavirus, tener una vivienda con piscina privada aumenta el valor de la misma. No tener que preocuparse de unos horarios ni de un aforo concreto incrementa el interés por la vivienda. De ahí que se haya disparado también la demanda de chalés con piscina privada y jardín, dos requisitos indispensables después de más de dos meses de confinamiento. Queremos disfrutar del verano pero también queremos hacerlo de forma segura. Porque aunque lo peor de la pandemia haya pasado aún no tenemos ni vacuna ni tratamiento efectivo y en cualquier momento se puede producir un brote.

Será el verano más raro de nuestras vidas. Después de meses en casa, de pasar las 24 horas en el mismo espacio, estamos empezando a saber lo que era salir. Pero no todo el mundo está dispuesto a exponerse de una u otra forma, esto es lo que ha hecho que aumente el valor de las casas grandes, con jardín y por supuesto, con piscina privada para desconectar unos días en verano. Porque algunos prefieren aislarse y no compartir espacios comunes. Es una alternativa muy respetable para sentirse más seguros y cómodos.

En Arquitasa valoramos aquellos entornos que nos faciliten la estancia y en los que el entorno nos haga estar felices.

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