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1 10 2020

Patrimonio Moderno LevantinoMARIO HIDROBO

8 minutos de lectura

El inicio del siglo XX sorprendió con un cambio de paradigmas en todo sentido, la revolución industrial, una disrupción tecnológica que afectó dramáticamente todos los procesos que hasta entonces se desarrollaban, y que debieron incorporar nuevas formas de pensamiento y de desarrollo. Dramáticamente, el tiempo “entre guerras”, remarcó aún más determinadas actividades. Todo el impulso industrial que dejó la Primera Guerra Mundial afectaría, especialmente, a los procesos de la metalurgia, sin descartar muchos otros que generarían un cambio dramático en la producción y en el desarrollo de la tecnología, de la cual sacaría en el futuro gran provecho la Segunda Guerra Mundial.

En este contexto, cabe citar que el pensamiento y la puesta en realidad de la arquitectura se vieron notablemente afectados. Los formatos y capacidades productivas, sobre todo de la metalurgia, tomaron un gran impulso y, junto con esto, el repensar las condiciones de habitabilidad de las poblaciones socialmente más afectadas.

Para la exposición internacional del Museo de Arte Moderno de Nueva York de 1932, fueron Henry Russsell Hitchcock y Philip Johnson, quienes calificaron de “Estilo Internacional” a una tipología arquitectónica, producto de lo antes mencionado y que, a juzgar por ellos, coincidía en tres características principales:

  • La eliminación del ornamento
  • El equilibrio dinámico en lugar de la imposición de la simetría
  • La expresión del volumen

Junto a estos elementos, era evidente también que tanto el movimiento Stijl holandés, como el trabajo de Mies Van der Rohe y la Bauhaus como escuela, y a su cabeza Walter Gropius, tanto como la obra de Le Corbusier, apostaban por una honestidad de los materiales y el diseño de plantas libres, dos elementos que podemos adicionar a los anteriores.

Posteriormente, y con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, sería radical todo el fenómeno migratorio de los arquitectos alemanes, concretamente a Estados Unidos, dejando una Europa que, al despertar a la postguerra, retomó pensamientos progresistas que vinieron a instalarse en cada uno de los asideros locales que permitían un impulso de carácter internacional, que ya era la dimensión que esta tendencia había cobrado. Aunque bajo distintos puntos de análisis y particularización de características, se pueden marcar diferencias entre el Racionalismo y Modernismo. Es importante considerar que en España, el inicio del franquismo guardaría un propio momento para la llegada de éstos, ya no tanto como “estilos arquitectónicos” sino más bien como la influencia internacional, aletargando su llegada debido a la dictadura, sus influencias y sus restricciones. Por matizarlo pronto, diríamos que en aquel momento el ejercicio arquitectónico español se restringió a uno que fue fiel complaciente del régimen y otro que de alguna manera se las arregló para introducir “algo” de lo que pasaba en el resto del mundo e incorporarlo a las circunstancias y expresiones locales, sumando esta “arquitectura internacional” en el contexto español.

Para entonces, las dinámicas económicas avistaban ya la posibilidad de plantearse lo que a posteriori serían las grandes inversiones hoteleras de la costa del Mediterráneo y que en lo doméstico, personal e individual acompañarían también al turismo local, como bien lo ha narrado el compañero Antonio R. Montesinos en este mismo medio, abordando la temática turística, en concreto en la zona de Málaga y alrededores, algún tiempo después. De similar manera, en el Levante, entendido como la costa del Mediterráneo que se desarrolla por toda la Comunidad Valenciana, Murcia e incluso Almería, como el  noreste de Andalucía, se impulsaron pequeñas y grandes inversiones edilicias que aterrizaron en manos de arquitectos jóvenes, que con alguna experiencia de viajes, estudios  y contactos en el entorno internacional supieron encontrar una adaptación de esa influencia a las necesidades turísticas, de segunda residencia y locales comerciales de este segmento de la costa.

Será entonces cuando el Levante español se convierta en una vitrina en la que podamos ver el emprendimiento de la nueva corriente de la expresión arquitectónica de la península. Para muestra de ello he tomado dos nombres relevantes del actual patrimonio arquitectónico moderno para, de alguna manera, narrar esta importante época de la evolución arquitectónica española.

 

Hostal San Juan en la Playa de Muchavista (El Campello, 1955), plano original de proyecto y estado actual.

Juan Antonio García Solera, alicantino formado en la escuela politécnica de Madrid, se corresponde a esa primera generación de arquitectos que apuestan por desmarcarse de aquello que, posteriormente, se consolidará como el “estilo del régimen”, y más bien se permiten apostar por lo que se iba consolidando como una “apuesta” internacional. Importante decir que es un momento en que la inversión acompaña y la oportunidad de proyectar y construir es prolífica. García Solera comienza con pequeños encargos en los que permite ver cómo investiga en la posibilidad de conjugar los preceptos de la modernidad con rasgos largamente consolidados de lo local. En sus primeros proyectos se puede encontrar el uso y la combinación de mallorquinas y grandes paños blancos para sostener las cubiertas de teja y aleros a la vista.

1 Hostal San Juan en la Playa de Muchavista (El Campello, 1955)

El edificio del CESA (Alicante, 1965-1974)

Es posible hablar de un segundo momento en que la seguridad del profesional va abriendo caminos hacia la consolidación de un lenguaje claramente internacional, el uso de las grandes cristaleras y los elementos metálicos esbeltos permiten que esa conjugación de lo local sea más sutil, probablemente más conceptual y por ello más elegante, momento además en que la proliferación de los encargos le permite un ejercicio edilicio que centra mucho su práctica en lo residencial. Quiero entender que ese acercamiento a lo que la arquitectura doméstica implica, consolida sus conceptos para dar un salto sobre todo de escala que a su vez le permite incrementar su calidad.

2 El edificio del CESA (Alicante, 1965-1974)

El Complejo Residencial Vistahermosa (Alicante, 1962)

Los grandes encargos, que tienen rasgos de implantaciones urbanísticas, permiten que el autor, acabe de madurar en la arquitectura residencial, en este caso masiva y extienda su práctica a los albores de lo que luego serán las apuestas de carácter urbano. Conjuntos como el complejo Vistahermosa y Las Torres, además de conjugar todos esos elementos permiten el que, tanto por la magnitud como por las circunstancias del momento histórico urbano y la ubicación, se implante realmente como un hito urbano de referencia que, pasados casi 60 años, sigue conservando la totalidad de su riqueza en cuanto a todos sus significantes.

3 El Complejo Residencial Vistahermosa (Alicante, 1962)

Urbanización Las Torres. (Alicante, 1968)

García Solera experimenta varias implantaciones de barrios de vivienda social, desde Elda, Alicante o La Villajoiosa y consolida la relación de lo edilicio y lo urbano. Sin embargo, entre finales de los sesenta y principio de los setenta, se destacan sus intervenciones de carácter urbano con la mayor apuesta en la redacción del Plan General de Alicante en colaboración con Julio Ruiz Olmos, que aunque no llega a ser implementado en su integralidad, más de uno de sus criterios sigue teniendo vigencia aún en la actualidad.

Urbanización La Rotonda.

Juan Guardiola Gaya, arquitecto de Reus, graduado de la escuela de Barcelona, llega a Alicante en 1957, cargado de una prematura experiencia desde estudiante y luego de pasar por el taller R y colaborar con Frances Mitjans, quien realmente será su maestro, y cargado de un gran ímpetu juvenil, se pondrá al frente del desarrollo del primer polígono de la playa de San Juan que.

5 Urbanización la rotonda

Urbanización El Club del Mar

El final de los sesenta y setenta permitirán entrar dentro de la ciudad consolidada a marcar intervenciones que, más allá de ser piezas claves para comprender la arquitectura moderna y por ende la evolución propia de la ciudad, marcarán un ejercicio de renovación urbana de la ciudad conservadora y tradicional que va rompiendo ese período autárquico para anticiparnos una España que llevaba a su modernidad y que de alguna manera se anticipaba a su futuro democrático y europeísta, para, a posteriori, ser parte de ese gran legado de la arquitectura internacional o de lo que ya se puede considerar el patrimonio moderno del Levante.

7 Urbanización El Club del Mar

Edificio Vista Mar

Con el pasar del tiempo y la consolidación de su empuje turístico se convertirá en un verdadero escenario de arquitectura moderna de turismo residencial y playa en la que Guardiola Gaya ejercitará una prolífica obra que en primera instancia emplaza en la playa de San Juan, para posteriormente involucrarse en donde centrará una de las piezas claves de su trayectoria, una intervención casi monumental en un punto paradigmático de la ciudad dónde la montaña aterriza en el mar. Guardiola estudiará el complejo conjunto de edificios de la Albufereta en donde el proyecto edificio Vista Mar, conocido coloquialmente en la ciudad como el barco, se convertirá en un hito urbano.

 

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