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4 11 2020

Cementerios, del rito a la sostenibilidad | Sabrina Gaudino

Constellation Park. Fuente: Death Lab

La imagen de la ciudad se construye a partir de las experiencias, de las rutinas cotidianas, de los lugares que frecuentamos o habitamos y de las personas que forman parte de nuestra realidad. Las ciudades son vida y memoria al mismo tiempo, aunque suelen estar más conectadas con el pulso activo de la vida que con la pasividad de los recuerdos. Para la memoria y los recuerdos hemos creado espacios donde reposan los cuerpos de aquellas personas que una vez formaron parte de un lugar y de un tiempo en nuestras vidas.

Los registros antropológicos sobre los cementerios nos hablan de distintos tipos y formas de construcción en los ritos funerarios. En la antigüedad, los cuerpos sin vida eran tratados de formas muy distintas de las que tenemos por convención en nuestra contemporaneidad. Se sabe que los cadáveres eran usados en ritos caníbales, dejados a la deriva, en ríos, en cuevas, sobre los árboles o en las cimas de las montañas; también se habla de la cremación, una práctica que sobrevive en las sociedades contemporáneas.

Por otra parte, las formas de organización social en el territorio estaban relacionadas con estos tipos de prácticas funerarias dispersas, lo cual nos remite a nuestro pasado nómada. Fue con las primeras formas de organización de asentamientos humanos que se empezaron a proteger los cadáveres para mantener lejos de los poblados a los animales carroñeros y los olores de la putrefacción. Las comunidades que ocupaban un territorio de forma permanente requerían de un lugar para venerar sus muertos, de aquí surgen los primeros cementerios.

 

Necrópolis de Cerveteri, Italia.

Necrópolis de Cerveteri, Italia.

 

De esta evolución existen registros de distintos tipos de configuraciones, como las necrópolis o las catacumbas —las más conocidas las romanas—. Pero fueron los griegos quienes usaron por primera vez el término cementerio y organizaron estos espacios en los límites de sus ciudades. Durante la Edad Media y hasta finales del siglo XVIII, los cementerios formaban parte de las inmediaciones de las iglesias cristianas, por lo que estos eran espacios abiertos dentro del tejido de la ciudad y considerados como lugares de uso público en donde se desarrollaban diversas actividades cotidianas, como el pastoreo del ganado, ferias y mercados.

Con la industrialización y el crecimiento de las ciudades durante el siglo XIX se viene un cambio de pensamiento higienista sobre la planificación urbana y con esta se redistribuyen los usos del territorio urbano, desplazando los cementerios de nueva construcción hacia las periferias urbanas. Aquellos cementerios que en el pasado cumplían también la función de dotación pública como jardines y espacios verdes perdieron interés como espacio público, muchos abandonados y otros aún en activo hasta la fecha se pueden considerar museos al abierto en los que visitar tumbas y panteones de famosos.

Llegados a la segunda mitad del siglo XX entramos en la era digital, que se produce en paralelo a un continuo crecimiento de la población y en consecuencia de las ciudades; todo esto en un escenario donde los recursos comienzan a escasear tanto como el territorio habitable, lo que plantea la necesidad de redefinir el concepto de cementerio en relación a la ocupación del territorio y la responsabilidad ambiental.

Los cementerios son lugares que ocupan grandes extensiones de tierra y por otro lado, las actividades fúnebres generan grandes cantidades de residuos tóxicos, como los metales utilizados para las urnas y los fluidos para embalsamar; sumado a esto, las emisiones de CO2 que se producen con la cremación. Si bien el rito de la sepultura tiene una marcada connotación religiosa, la historia demuestra que los desafíos que imponen las circunstancias contextuales llevan a desarrollar soluciones y tomar posturas pragmáticas que, la mayoría de veces, consiguen cambiar el statu quo de la realidad sociocultural.

Hacia la sostenibilidad

En la búsqueda de crear soluciones cónsonas con la realidad contemporánea surge el proyecto Death Lab, desde la escuela de Graduados de Arquitectura, Planificación y Preservación (GSAPP) de la Universidad de Columbia. La idea principal del proyecto es aprovechar la materia orgánica para generar energía, una iniciativa que quiere promover la sostenibilidad desde el punto de vista ecológico con el aprovechamiento máximo del espacio físico disponible. Este principio lo encontramos en todas sus propuestas, se trata de una estructura de luminarias que se encienden gracias a un sistema que transforma la biomasa individual en energía. Los cuerpos se conservan en nichos donde ocurre todo el proceso de transformación, estos se ubican en grandes espacios organizados entre semiprivados y públicos que sirven para el desarrollo de ceremonias y para diversos eventos o actividades.

 

Sylvan Constellarion. Fuente: Death Lab

Sylvan Constellarion. Fuente: Death Lab

 

Una de sus propuestas destacadas es “Sylvan Constellation”, ganadora del concurso de diseño “Future Cementery” que fue organizado en el año 2013 por el Centre for Death & Society de la Universidad de Bath, con la misión de investigar y crear un prototipo sostenible de crecimiento para el cementerio Arnos Vale de Bristol. Sin embargo, Death Lab había experimentado con la representación de la muerte y su integración en espacios de uso público con el proyecto “Constellation Park”,  una infraestructura acoplada al Puente de Manhattan que se propuso como monumento que nos recuerda un pasado no muy lejano en el que el cementerio formaba parte de la ciudad como espacio cívico. La esencia tecnológica de sus proyectos otorga además un componente escenográfico que dialoga con nuevos imaginarios dentro de las prácticas funerarias, como la democratización de la muerte, la integración en la cotidianidad colectiva y la muerte digital.

 

Constellation Park. Fuente: Death Lab

Constellation Park. Fuente: Death Lab

 

Los cementerios son una parte funcional de la ciudad, urbanísticamente refieren un uso específico dentro de las dotaciones de servicios para la comunidad, pero también son lugares con una carga simbólica y cultural dentro de la sociedad. La aceptación de la muerte como parte de la vida, la sepultura como ritual, el urbanismo para organizar el equipamiento en el territorio y la arquitectura para dignificar desde el punto de vista material, estético y funcional. La historia de estos lugares habla también de la evolución de las sociedades y de la propia ciudad.

Sabrina Gaudino Di Meo | Arquitecta | @gaudi_no

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